

Es mi tinta,
es mi dicha, es mi condena enclaustrada en el pecho y el deceso.
No me importan las recurrencias en el mismo agujero acuoso de la cerca de ollín y silicio.
Impúdica entre las yemas
de números y hojuelas,
el pacto de cobre y azufre
echado fuera en el santiamén aledaño
¿Gastar tinta al dios de tu perdida?
Poco engaño, vileza
propulsión de la insolencia.




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