Esta semana que acontece un poco convulsionada, estos dedos han tenido que vertir al dios insaciable, muchas letras, horas de sueño y hasta trotes nada calmados, en las calles y direcciones singulares de Caracas.
Aunque intente no pensar, para quienes me rodean saben que es una empresa un tanto imposible, mientras duermo de seguro pienso en enjambres de cadenas silentes. Anoche antes de disponerme a entablar una conversa final, comentaba a una amiga acerca de la crisis de la edad mediana algunos la sitúan entre los 36 a los 45 años, yo la verdad no soy tan tajante con los números. Siento que para quienes no quemaron sus épocas,vivirán insatisfechos por los cartuchos que no consumieron a plenitud en la formación de sus personalidades.
No sé qué sucede con aquellos/a que eran tan fehacientes en sus gustos, maneras de pensar y luego cuando atraviesan por el camino de los años, les da por involucionar comportarse como puber, queriendo ir a fiestas de chiquillos, vistiéndose un tanto estúpido, yendo a discos en busca de alguien a quien impresionar (válido para ambos sexos).
La verdad que con el día del amor, y las tarjetas Hallmark, los intensos, los amargados, los viudos, las divorciadas y pare usted de contar,todos los que están sin pareja en su mayoría lucen como si fuese lo peor del mundo. Prefiero estar sola que mal acompañada a mi parecer, sin crisis, sin pasar malos ratos, conversas tediosas donde uno debe tener una sonrisa idiota congelada, y hasta fingir que te gusta como luce y besa el otro.
A veces, me digo que no debo pertenecer a este planeta, que gime por atención y vive bajo el reflector de la apreciación. Esta crisis espero que no me llegue, mientras viva mis 28 seguiré disfrutando con amigos una noche de copas, expanzoo, cócteles, diatribas filosóficas, etc.
Al menos el ensueño no llega a mi puerta, lo dejé si no me equívoco en la puerta del 2006, uno se endurece y hasta para enamorarse, es más cuesta arriba. Hay un momento, no sé si les ha ocurrido que ya uno se sabe todo el proceso de memoria, como cuando te aprendes un manual de vuelo, y pones el piloto en automático, ya todo da igual y sólo lo que haces es asentir al otro.
Suena triste, pero en el fondo todos sabemos que es una gran verdad, no nos complicamos la vida y disfrutas el momento.





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