Alguien realmente se ha preguntado qué conlleva el cierre definitivo de un ciclo, yo tontamente lo veo como en las eras bíblicas donde una compuerta inmensa de bronce, la cual posee una cerradura de plata con piedras preciosas, es clausurada y la llave es tirada al Mar Rojo por así decirlo.

No creo mucho en el almacenamiento de espóras de infortunio regadas en las vertientes de un río seco por la inclemencia de los años, cada quien tiene un mundo devastado, reforestado o virgen en sus sienes. El cliché de cada cabeza es un mundo es verídico.
Al no concluir etapas, por autodiagnosticarnos inmunidad emocional, podemos caer en el atolladero de impulsar a quienes tenemos al lado, a que nos demarque los cambios a los cuales nos rehúsamos ejecutar, siendo por ende, más fácil que otro nos dictamine el camino aunque lo neguemos rotundamente.
La verdad hoy me siento con pocas ganas y aún lo que falta en el laberinto del paseo darwiniano, de responsos ocultos en los Chaise-longues de ocanto.




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