En la tarde tras conseguirme con amigos, mi primo y mi familia, me fijé mirando al suelo de la existencia de una pequeña bolita azul grisácea, exclamé a mis adentros es un pajarraco, me sorprendí porque mi edificio es gatolandia, hay miles de todos los colores.
Sin duda, sino lo salvaba sería comida de algún moteado, me dispuse a salvarlo dentro de mis palmas, el muy pícaro aleteó como pudo hasta llegar al otro lado de la acerca, forcejie un poco en medio de los barrotes, al final salté como en mis tiempos de puber, a tomar al ave con la única mano libre que tenía, en la otra residían algunos presentes del Día de las Madres…
Reviví sin querer mis años de infancia, donde salvaba animalitos silvestres y los subía a mi depa para adoptarlos por uno o dos días, luego les hacia seguimiento en el jardín de mi casa…
Por ahora tengo un pajarillo hermoso en una cajita de zapatos, mañana lo llevaré al veterinario…
Una anécdota que me hace sentir a veces un personaje de ficción, espero que sea un buen presagio, un ave con su patita rota al menos me hace feliz saber que alguien puede depender de mí…




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