
Ante todo pocas veces pierdo el rasgo creativo en la formación de fonemas y morfemas, por ello decidí agradecer a los cuatro puntos cardinales que en la distancia y cercanía, uno al sur el resto apunta al este, entablan oxígeno al traje de escafandra.
Hoy me sentí una gema valiosa por tus palabras, el acercamiento y el hombro desnudo que recibe a mi rostro enmudecido, al menos sé que te importo y como sabueso inhalas la esencia en cada coma, en cada punto de mi universo.
Me he cuestionado mi mundo, a dónde voy y en donde estoy, meras palabras de código postal no surten efecto. Me he convertido en la llenura de momentos solitarios y vacíos, tan sólo en la compañía de un verbo ausente.
Libélula arbórea, metamorfosis perfecta de idas y vueltas, recorridos lejanos de la mantis prodigiosa. Conjuro nocturno, pierdes tus comisuras.
Te empequeñeces dentro de mí, dejas de tener asidero en la pléyade. El compás del tic y el tac, determina a escondidas el eterno juego del ego.
Es allí, cuando convertido en leviatán insensible acudes a la visión de la gitana. Pequeño rodeado de merodeadores acallas los intentos del prófugo legítimo.
Accedo al juego, traducidos en iguales, el terreno prosigue en la misma compuerta, el comodín asegura que nadie pierde, nadie gana.
Sellado el pacto entre sabanas dispersas sin pertenencia, ¡salud por días de infamia!




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