Animada en solitario, tomé las riendas de mi destino, en el son de las llamas, la purificación de las almas.
Cada tercer día, del pasar de los meses, sin recuerdo, sin dirección, un dardo en las llantas de la luna.
La natura habla por sí sola, los pensamientos distantes, la mano divina penetrante.
Adormecí en el lirón de la Antártida,
la gélida justa,
la amnesia irascible,
sigo en el delirio del muelle, de lo inseguro, del no sentir y del morir consciente.
Pequeño junio,
la consolidación del entierro,
julio de pagos,
a un año del cierre de caja.
Ciclos reiterativos,
la garantía de un año.
A sabiendas que todo pronto caducará-
septiembre ahí veo el fin.




Deja un comentario