Evolución

Agotada en muchas áreas, decidí centrarme en mí, dejar a un lado todo aquello que perturbe mi calma, mi mente y mi alma.

El llamado converge en la renuncia de ofertas engañosas y al destino que no ofrece futuro alguno, el mentirse a sí mismo es una de las fallas máz azarosas, la conciencia gime a gritos ser escuchada para empezar a proceder cómo plantean sus decires.

Esta semana de autoproclama renuncio a todo aquello que no me brinda paz, relaciones que deben finalizar, seres que debieron desaparecer sin resurrección, para así no disgregar las energías en retribuciones falsas, en mellas sin la riqueza del feedback, en las paredes que buscan la llenura del ego y de la atención sin coto.

Más ecuánime, declaro la semana en que doy cierre a las vanas esperanzas, a concentrarme en mí, sin las migajas recabadas en la solicitud de oídos prestos  a mis acontecimientos.

Al engaño del supuesto, al reloj biológico, a la no garantía del velo blanco, al ciclo inconcluso, al karma cancelado, a la crítica desmesurada,al conflicto, a la manipulación afectiva, al tener algo llenando un espacio porque no hay algo mejor a la mano.

No quiero saber nada de ti, ni de tus imposiciones, ni de la dejadez que entibió mis manos e hizo morir este sentimiento que una vez galopó a destajo, ahora perece en las aguas del fracaso sabido, del corto tiempo al que ya está destinado el cierre definitivo.

Ahora lo sé, todo es una ilusión, una proyección del prisma.

Todo cesa y llega a su fin.

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