
La muerte de algún ser humano con un atisbo de ideas es siempre algo lamentable, Franklin Brito, hombre que luchó por un ideal, el respeto y la defensa de su finca en el interior del país.
Una de mis últimas entrevistas en el diario 2001 fue con su hija, recuerdo que ese día me quedé sin palabras, intenté mostrar temple y no dejar algunas lágrimas correr por mi rostro, luego del parte médico de ese día, el comunicado para la prensa era indiscutible, sus órganos tenían un daño irreversible y no saldría de terapia intensiva, tras muchos años en la búsqueda de justicia, una huelga de hambre que recorrió la OEA y tantas instancias impunes.
Finalmente, hoy llegó en ese día, al refrescar las páginas de noticias de Venezuela, me apenó leer lo inevitable, y la impunidad sigue a paso galopante, asida de la pobreza, la necesidad y la ignorancia.
Agosto se llevó a unos cuantos seres valiosos de esta nación, la hoz de la parca tocó familias, estadísticas, hasta para quienes creímos sentirnos seguros…
Franklin Brito trajo a colación en mis neuronas, esa joya maestra llamada V for Vendetta, a veces suelo bromear con mis amigos en que un día vestiré esa máscara para irme hasta Miraflores, estoy segura que unos cuantos me acompañarían, de esos que no creemos en la violencia, sino en las ideas. El autoritarismo cae por las ideas y el conocimiento, por ello los regímenes dictatoriales acortan presupuestos para las universidades públicas, dan vendimias a la educación escolar pública y subyugan con un bosal de alimentos descompuestos a una nación que gime.
Esta frase va para ti luchador, ejemplo y mi más sincero apoyo para los Brito…
“No hay carne ni sangre que matar bajo esta capa. Sólo hay una idea. Las ideas son a prueba de balas”.
V for Vendetta:
Muchos conocerán a V de Vendetta por la adaptación cinematográfica que tuvo hace unos años, cuyo guión estaba escrito por los hermanos Wachoski.
V de Vendetta, obra que Alan Moore realizó junto con David Lloyd, es más que el, a priori, relato clásico de venganza, es un canto a la libertad fundamental que toda persona debería tener y que, de una manera u otra y en mayor o menor grado, es anulada. ¿Y qué mejor escenario para situar la historia que una Inglaterra orweliana gobernada por un régimen totalitario?. Ninguno. Es el máximo exponente, tanto ficticio como real, de la erradicación total de los derechos de los inocentes, los cuales quedan relegados a un estado de sumisión total.




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