Una semana histórica en que no dejo de pensar en la llegada de mis treinta años. Esta mi generación del 81, ha vivido unos cuantos procesos imborrables en aquello que llamamos colectivo: el muro de Berlín, golpes militares (en toda Latinoamérica), la invasión a Irak por parte de Estados Unidos, el 11 de septiembre y la caída de las torres gemelas, miles de desastres naturales.

Ahora al menos mis ojos yacen en dos sitiales visiblemente disímiles pero en esencia iguales por tratarse del futuro de muchos: Japón y Libia. No comparto la invasión y menos el bombardeo a un país, medito y sostengo que es una situación bien delicada, al quedarse la comunidad internacional de brazos cruzados seguirían muriendo miles a mansalva en manos de un hombre sanguinario, genocida y perturbardo mentalmente.

Por otro lado,  para nadie es un secreto que las guerras y las intervenciones de la Onu siempre han tenido  un interés de índole económica, ahora bien y si no actuaban ¿Qué sería de un pueblo en manos de un asesino capaz de arrebatar vidas con gas mostaza?

Veremos que transcurre en estos hemisferios…

A pesar de mis fallas humanas y los desvíos en mis veredas digo: Ven esposo ven para arribar pronto a la Nueva Jerusalén.

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