Extrañamente en Caracas podría decirse que es el inicio de la primavera con aires de verano, en las afueras y en calles alejadas del bullicio citadino, las hojas secas del otoño capturan la visión de los locales. Una felicidad sin límites se realza al alejarme de la monotonía de la luz blanca  con aires de oficina.

Gracias a la tradición cristiana pude disfrutar unos días de descanso más que merecidos. Como las marejadas humanas me producen vértigo  (cual lobo estepario)  me decanté por el silencio de los parajes, sin tantas personas y melodías adversas a mi tranquilidad.

La dirección redirigida se afina como una lanza a punto de estallar, la brújula del tiempo y su espacio reitera, que llegó el momento oportuno de partir una vez más…

Por ahora una semana de rutina antes del anhelado viernes junto al tropel de tinta y letras que emanan de mis dedos.

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