No existe algo más lamentable que la envidia en el ser humano, un sentimiento que denota mucha frustración y hasta ciertos vestigios de una fase anal inconclusa en la formación de la infancia. Seres que blasfeman una y otra vez llevándose por delante el buen nombre de su prójimo me producen repugnancia.
A mis 31 años de edad no paro de toparme en el camino a personajes fútiles cargados de muchos vacíos. Algunos atestados entre sus barrotes de terapia psiquiátrica inconclusa o adictos a cuanto fármaco les recete el doctor para evadir sus deficiencias internas.
La histeria, la plusvalía sin reclamo y el maltrato como una suerte de adagio que se repite una y otra vez. Realmente la miseria humana se multiplica en estos días de decadencia en que el común denominador de lo infame.
Días, horas, minutos y segundos ¿hasta cuándo seguirás de pie?





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