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Qué agotador se convierte el irrespeto al género humano. La violencia no es sólo golpear una arteria, existen fauces entreabiertas  en el espíritu que duelen más que un mero puño entreabierto.

No entiendo el por qué de tanto odio, rencor, frustración que se respira en cualquier ámbito en Venezuela. No importan los estratos sociales, las ideologías, el color de la piel ni la fe que profeses; todos absolutamente todos estamos intoxicados con esta pandemia.

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Los límites humanos se retuercen y la locura te saluda en el pórtico de la cordura. La fe te llama a recapitulación y el libro de la vida inscrito en el alma te conduce de nuevo a la calma. Respirar y expirar ante esta insania colectiva, no queda de otra  más que llenarse de estilos que hondean la paz, la calma y la renovación del espíritu ante tanta inclemencia.

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