Tenía las yemas de los dedos un tanto repletas del polvo, del desuso, del compromiso laboral, de las líneas editoriales y del estilo que no te pertenece. El sitial que me ha visto crecer desde el 2008 ha sido mi diván gratuito, con el cual no he devengado honorarios profesionales del otro lado de la pantalla. Días en que las esperanzas, los sueños y hasta las ilusiones no consiguieron su causal en el objeto del deseo cercano.
I
Tu pasado y el mío tan distantes
nunca cruzamos siquiera un pasillo en el préterito compartido,
tus designios marcados y remarcados por tus cercanías
Hondeaste tu bandera de independencia siempre delimitado por los dueños de tu condena. Tu remarcado cuasi exacto, el color de tu voz, la inexpresión, la distancia de ti mismo
Emulas al paradigma impuesto entre el laberinto de tu inconsciente
No conoces las comisuras del género opuesto
Busqué anclarme en tus parajes
Batalla en la defensa de los límites
Pudiste más que el placer y te estableciste perpetuamente como el rey de los ciegos
II
Supongo que tu experiencia y la mía distan en los años que nos dan ventajas y desventajas,
tus miedos y mis convicciones no convivieron la mañana siguiente,
tus palabras desacertadas,
tus análisis elocuentes en lo superfluo,
el quiebre y el tic nervioso de tus labios,
la imprecisión visual,
la indefinición de las certezas
Indagué en el sintagma que nos vio nacer,
he allí el maleficio de la inacción,
sólo fuimos espejismo,
nada certero
III
Acerqué las distancias en los senderos en los que tú y yo somos diestros,
la atención sólo en ti,
el peso de la balanza en ti,
el pasado que gira en torno a ti,
los pesares de ti,
los lamentos de ti,
los consejos de ti,
el aburrimiento de mí,
mi silencio,
tu escape,
mi anclaje,
en otras aguas del Caribe




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