¡Hasta pronto, maestro!

 

Imagena

 

Con apenas siete años de edad recuerdo que entre mis dedos se coló el que sería mi primer libro. Su cuerpo un poco polvoriento se encontraba entre la biblioteca de mis padres, resguardado entre la  biblia y la “Divina Comedia” de Dante, una ilustración de Salvador Dalí que era la niña de los ojos de mi papá. Éste la resguardaba con gran recelo entre sus pasiones de letras, dibujos y colecciones.  Ese encuentro con la literatura lo tuve con “Crónica de una muerte anunciada” de Gabriel García Márquez. Al abrirlo lo devoré en una sentada y quise más.  Mi hermano mayor fue el gran cómplice de mis designios, él cursaba segundo año de bachillerato y  guardaba entre sus joyas a “Cien años de soledad” y “El coronel no tiene quien le escriba”. A partir de ese momento pude conocer de Macondo, las mariposas amarillas y la lluvia sorpresiva en un mundo de realismo mágico.

Al crecer y encauzarme un poco más en la  literatura, ese primer encuentro siempre estuvo allí entre mis memorias. Nunca compartí su amistad con Fidel Castro, pero he aprendido que los amigos se escogen y uno ve siempre lo mejor en ellos que el resto de los mortales. Tuve el placer de conocer su casa en Cartagena de Indias y estar en el restaurante que siempre frecuentaba. Confieso que cerré unas cuantas veces los ojos a ver si al abrirlos conseguiría al Gabo en la Ciudad Amurallada. Uno de sus hijos más queridos y más admirados de la costa empedrada.

Al leer en el diario El País que este Nobel de la Literatura nos abandonó a los 87 años de edad, repasé en un santiamén las veces que estudié sus libros, los exámenes de sus obras y las clases de periodismo que demarcaron mi años universitarios. ¡Gracias, Gabo por tanto!

De sus años mozos en el periodismo:

 

El otoño de un patriarca

Su vida ha estado ligada a El Espectador desde que en 1947 Eduardo Zalamea le publicó su primer cuento, ‘La tercera resignación’.

El Espectador publicó como primicia las primeras líneas de Cien años de soledad. /Archivo

Luego, en 1954, ingresó a la redacción con un salario de 800 pesos. En 1966 le entregó a don Guillermo Cano el primer capítulo de ‘Cien años de soledad’, publicado en exclusiva en el Magazín.

1947. ‘La tercera resignación’

El 13 de septiembre de 1947, en el café El Molino, situado en la avenida Jiménez con carrera Séptima, Bogotá, García Márquez vio publicado en El Espectador su primer cuento, ‘La tercera resignación’. Había enviado su texto motivado por una invitación pública de Eduardo Zalamea a los jóvenes escritores. “Los lectores del suplemento dominical se habrán dado cuenta de la aparición de un nuevo escritor”, escribió tres días más tarde Zalamea.

1955. Su primer contrato

Tenía fecha del 18 de abril de 1955 y fue firmado por el gerente de El Espectador, Alfonso Cano, y por Gabriel García Márquez en su calidad de empleado. El sueldo estipulado era de 800 pesos, pagaderos quincenalmente, y el cargo era redactor “de las tres ediciones diarias del periódico El Espectador”, según rezaba el contrato, que comenzó a regir, para efectos de prestaciones sociales y demás, el 10 de octubre de 1954.

1966. ‘Cien años de soledad’

Adquirió su título justo en el momento en que el autor escribía la última línea. Según García Márquez, “‘Cien años de soledad’ no tenía título hasta la penúltima línea, que dice: ‘porque las estirpes condenadas a cien años de soledad no tendrán una segunda oportunidad sobre la tierra’. Ahí pegué un salto y dije: ‘éste es el título’.” Por más de 20 años García Márquez había querido poner sobre el papel los recuerdos de sus primeros siete años de edad bajo la denominación de ‘La casa’. Varios apartes de la obra parten de artículos publicados entre los años cuarenta y sesenta, incluidas la nota del 3 de junio de 1950 denominada ‘La casa de los Buendía’, publicada en la revista Crónica y la cual presentaba la historia del coronel Aureliano Buendía en un pueblo sin nombre, y el ‘Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo’, editada en 1955. El 6 de junio de 1967 apareció ‘Cien años de soledad’ en las librerías de Buenos Aires, publicada por Sudamericana. Antes, el 1º de mayo de 1966, ‘El Espectador’ había presentado el primer capítulo, y más tarde, el diecisiete, donde se narra la muerte de Úrsula. En agosto, tras las gestiones de Carlos Fuentes, la revista ‘Mundo Nuevo’ de París publicó uno de los primeros capítulos sobre la fundación de Macondo. Luego, en enero de 1967, la revista Amaru, de Perú, reveló los cambios introducidos en el pueblo con la llegada de la compañía bananera. Y en marzo de ese año, ‘Mundo Nuevo’ mostró a los parisinos el aparte sobre la peste del insomnio.

1970. El Magazín

Desde la publicación de su primer cuento, El Espectador siempre destacó en sus páginas la obra literaria de Gabriel García Márquez. No sólo publicó un año antes y en primicia nacional un avance de ‘Cien años de soledad’, sino que también alentó la escritura de su novela ‘El otoño del patriarca’, meses antes de aparecer publicada. Los 35 años que pasaron entre la publicación de ‘La tercera resignación’ y la concesión del Premio Nobel de Literatura, fueron siempre de puertas abiertas para el escritor de Aracataca. El Espectador fue su casa, así quedó evidenciado en sus memorias.

Fuente: Diario El Espectador

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