
En medio de las marejadas decadentes de chats, el escape puede ser simpático, unas horas de despegarte de la Matrix para fundirte en la antipercepción. Luego del descenso al mundo real reitero sin mayor complicación: nunca es bueno jugar de tres en un juego de dos. Es una máxima que aprendes con el tiempo y se repite una y otra vez, solitarios que buscan suplantar el estigma con un clic para volver a la nostalgia del desarraigo.
En lo personal, el camino al lado oscuro de la fuerza, de las sensaciones y cierta voluptuosidad de por medio me aburre. Digamos ya quemé ese cartucho en el pasado y viví al menos cuatro años de estar en el medio del partido, pues sí como un árbitro en un juego que tenía once años previos a mi andamiaje.
Una de las razones que me aleja de este toma y dame mundano, del borrar recuerdos o usar un escape a través de otra persona. El mismo círculo del cual escapé hace un millón de años luz.
Cambio y fuera




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