Nunca entendí en qué demonios se convirtieron gran parte de los hombres venezolanos. No puedo aseverar que son todos pero al menos sí un grueso de ellos. Tengo 33 años de edad, he vivido a Caracas en todo su esplendor, desde las épocas más under hasta el snobismo a ultranza, el rock, el punk, la era electrónica, las reuniones por mailing list del 97 y pare usted de contar.
En todo este tiempo he conocido seres enigmáticos, algunos apasionados y otros que viven aprisionados por sus propios temores. En el presente se posicionó una nueva raza que aún desconozco y me cuesta entender.
La masculinidad en mi país ha involucionado, los hombres se han vuelto más liberales en lo que respecta al galanteo a una mujer. Todo es directo, sin un minuto de publicidad, ya no hay transacción de venta de imagen, el ahora es una imposición de tómalo o déjalo y si lo dejas no hay problema… formarás parte de mi extenso listado de posibilidades cuando me aburra del nuevo target por alcanzar.
Muchas veces dije que el hombre venezolano me aburría, hasta que precisamente pude comprobarlo. Esa verificación de teorías me hizo estar expuesta a una nueva cultura, otros valores y lenguajes más profundos a la hora de amar.
El reflejo de la crisis institucional, gubernamental y económica no sólo se evidencia en los estratos más básicos del día a día, también han hecho mella en la convivencia de pareja, el salir a conocer a alguien se ha vuelto un coitus interruptus emocional, sin profundizar, las salidas son una excusa barata para conseguir placer y si te he visto ni me acuerdo.
La liviandad del ser “chapada a la antigua” o de avanzada, me da un poco de risa, quienes me conocen saben que no hay nada más alejado que determinarme como chapada a la antigua. He optado siempre por la apertura mental, el dejarse fluir y el interés de conocer más allá de las caretas. No obstante, esta generación, mi generación colada con las nuevas manieras de la crisis optan por la inmediatez, la flojera emocional escondida en una supuesta personalidad y la arrogancia de creerse el mejor postor en medio de una competencia que no tiene sentido.
Lo antes expuesto es un compendio de razones que me decepcionan de mi entorno, supongo que las mujeres han fortalecido esta conducta pero como las generalidades suenan odiosas, también existimos un remanente que no se apega a las costumbres pero sí a la consideración de tu oponente, ese que se convertirá en tu amante furtivo y no sólo un esclavo que aligera tus cargas físicas…





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