Confieso que no he actualizado este lugar como en años anteriores, entre el diplomado que inicié con Interlat y la Universidad Pontificia Bolivariana de Bogotá, un nuevo proyecto editorial más mis labores digitales, la verdad que el agotamiento se ha hecho más que presente en mis noches.
La verdad que estar activo en tus planes es una bendición infinita, sobre todo estando en medio de una ciudad en la que abundan corazones rotos. No por el desazón que deja la ruptura del amor, sino por las ilusiones no concretadas, el sufrimiento, la frustración, la impunidad y la maldad galopante en cada esquina hasta en el escritorio más próximo a tu oficina. Todo lo anterior nos convierte en zombies andantes que cumplen un horario, cuyos sueños penden de un hilo constante y los caprichos de quienes dirigen el destino de esta nación.
Justo anoche hablaba de esto con una de mis grandes amigas y periodistas que respeto un montón: Caracas se ha convertido en una ciudad de corazones rotos. De estadísticas nefastas, del sigilo en cada esquina, la paranoia, el miedo a la muerte, al daño físico y a la sobrevivencia. Es un reto vivir en un lugar con tantos obstáculos, imposibilidades y predicciones negativas.
Sinceramente me siento bendecida de los cambios, al altísimo que ha ido depurando mi camino, ha permitido fortalecer mi carácter y ha dirigido mis pasos a la misión del talento que nos da.
No pierdo la esperanza de que esos corazones rotos sean sanados de la neurosis colectiva que tenemos los venezolanos. Esa desesperanza que nos inmoviliza a veces, se transforme en un motor de resurrección enfocado al cambio.
¡Bienvenido octubre! El mes décimo del calendario. Espero que tu llegada sea de afinar los proyectos, concretar los sueños y de restauración a esos seres que amo.





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