A pocos meses de unirse al imperio de la imagen y ego en esta era social media, Céline quiso se parte del todo a su modo: fuera del rebaño y dentro del mismo. Suena como una figura retórica ambigua, pero así ha sido parte de su estrategia en esta plataforma digital. La exclusividad de su ADN es bien sabida por Phoebe Philo, directora creativa de la firma, quien ha afirmado en reiteradas ocasiones, que la fama no es parte de su visión de mercado, de hecho ha defendido que “lo chic no es aparecer en Google o redes sociales”.

En lo personal es una de mis cuentas favoritas, porque se burla del esfuerzo sobre actuado de algunas personalidades, “influencers” y firmas por ser cool en el fashion statement. Para contrarrestar un poco este aire frívolo mal intenso, la maison prefiere hacerse eco de la imperfección, un insight que ha calado de maravilla para los conocedores de la moda.
“Creo que hay un mensaje político tras la firma: debemos enseñar a las chicas jóvenes a sentirse bien… No tengo ningún problema en ver a una mujer luciendo cualquier cosa siempre que la haya elegido por sí misma. Pero creo que hay demasiadas imágenes de mujeres sexualizadas y muchas que se visten para otras personas perdiendo su propio poder en el proceso”, aseguró Philo.
Creo que no hay mucho más que agregar, su visión es robusta y busca la autenticidad en la era Kardashian o en el otro extremo: la delgadez de las neuronas.




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